Mi obra trata sobre una sociedad, que suelo representar con un solo individuo, que se encuentra en un ambiente de represión y control, a menudo bajo la apariencia de ser una utopía o ideal.
Siempre exploro la realidad no tanto para representarla, sino para darle replica. Mi voluntad narrativa no está supeditada al género de los grandes relatos, sino al testimonio crítico directo de mi experiencia personal.
Conceptos tales como la intimidad, la opresión, la seducción, el adorno, la enfermedad, la tradición y el cuerpo están presentes en mis obras.
Los objetos, los muebles, los vestidos son como una piel, como la superficie o la materia a través de la cual nos relacionamos con el mundo: es el nexo entre el exterior y el interior y, en esa zona fronteriza, se encuentra lo que es objetivo y lo que es subjetivo.
Creo y transformo objetos, materiales y conceptos que derivan de nuestra conciencia colectiva para significar algo diferente a cada espectador. Estos elementos son objetos subjetivados. Tienen la capacidad de relacionarse.
Mi intención es la de revelar con la yuxtaposición y la ambigüedad.
En los últimos 12 años he trabajado en distintas series que centran su atención la relación del sujeto con su entorno físico y psicológico. Las series se titulan: Atrapados, Sobre la seducción, Ofrendas y posesiones, El paso del tiempo y Desplazamientos.
En Atrapados realicé una serie de esculturas y fotografías para investigar el inquietante de lo cotidiano y nuestra interdependencia con el entorno más próximo.
Sobre la seducción explora acerca de los rituales y estrategias para seducir.
Ofrendas y posesiones se centran en el deseo de poseer y cómo tenemos que ofrecernos para conseguir lo que queremos.
El paso del tiempo reflexiona sobre la fugacidad y la sensación de caducidad de la vida.
Desplazamientos versa acerca de nuestra convivencia con la naturaleza y como la hemos alterado y reconstruido para convertirla en un adorno.
El acto de vestirse es una parte muy importante en mi obra.
Nos vestimos todos los días para preparar nuestro cuerpo para el mundo, presentándolo como apropiado, aceptable y deseable para otros. También vestimos nuestros muebles, nuestros cojines, sillones ... Como cualquier otro acto cotidiano, este también parece carecer de importancia. Pero lo que parece una elección individual no lo es. El vestirse es el resultado de los estereotipos. La ropa es el disfraz para la dramatización. El acto cotidiano de vestirse está muy lejos de ser pacifico y normal. Se encuentra lleno de violencia, la violencia de la conformidad, la de adherirse a los modelos, la violencia del consenso social y la de ser despreciado.
Todos los días nos vestimos con contradicciones y los unificamos en una composición. Esto es sobre lo que trata mi trabajo. Sobre la violencia y la calma, la sumisión y la fuerza, el hombre y la mujer, la eternidad y el instante, la escultura y la fotografía.